
En su salida se veía como una compacta avanzada de alto nivel: pequeña, muy sofisticada y claramente cara para su tamaño, pero muy completa dentro de una categoría ya en retirada. La gracia del modelo estaba en meter versatilidad seria donde casi no cabía.

No era la Fuji barata del catálogo, sino una cámara deseada por tamaño, sensor y color.

No era una cámara de entrada, sino una compacta avanzada bastante aspiracional dentro del mercado de consumo.

En su momento ocupó una posición media-alta dentro del catálogo APS-C de Sony.

En su momento se veía como una compacta aspiracional y muy afinada, claramente por encima de la gama de entrada. La RX100 III consolidó la fama de la serie porque ofrecía una sensación de producto serio en un formato pequeño, algo poco habitual entonces. Era una compra de criterio para priorizar foto y portabilidad antes que zoom largo o funciones modernas de seguimiento.