
Era el ThinkPad de empresa sensato, más sobrio que un T o un X, pero todavía claramente profesional en construcción, puertos y reparabilidad.

Cuando salió, sorprendió porque por precio de portátil de entrada en Apple ofrecía silencio total, batería muy seria y un salto de rendimiento impropio de un Air.

En 2020 se vio como la puerta de entrada más inteligente al cambio de Apple hacia sus propios chips.

En su salida se situó como un ultrabook corporativo de gama alta: discreto, sobrio y caro, pero con una calidad general muy por encima del portátil de oficina corriente. Fue una generación importante dentro de la familia por el salto de formato y el equilibrio global.

Fue uno de los ThinkPad más queridos de su etapa porque conserva virtudes que luego se fueron perdiendo: ampliación sencilla, recambios abundantes y una base muy estable. En segunda mano esa reputación pesa con razón.

Era el Air que devolvía prestancia visual a la gama de entrada de Apple.

Cuando salió era un ThinkPad de gama media-alta empresarial: portátil sobrio, serio y comprado por empresas para varios años de trabajo duro. No era un lujo de escaparate, pero sí un equipo claramente por encima del portátil doméstico medio.

Fue el Air que dejó de ser solo una compra estética y pasó a ser una compra claramente competente.