
Fue una generación importante del iPad Pro compacto porque consolidó el salto a chip M1 y reforzó al modelo de 11 pulgadas como referencia de tablet de gama alta manejable. Seguía siendo un producto limpio, caro y muy reconocible dentro de su categoría.

Era una tablet premium dentro de un formato poco habitual.

Era gama alta Android sin discusión, aunque dentro de la familia S8 era la versión más razonable y menos teatral. No era una tablet básica ni una tablet para salir del paso.

Se presentó como el iPad básico renovado por fuera, dejando atrás la estética clásica del botón frontal y acercándose a la presencia visual de la gama media. Seguía siendo el modelo de entrada del ecosistema iPad, pero bastante menos básico en aspecto y experiencia.

Se percibió como una tablet premium muy equilibrada, casi demasiado potente para la mayoría de usos reales.